El Tlacuache Citadino: Los Camanteopos en la cosmovisión Yoreme

LOS CAMANTEOPOS EN LA COSMOVISIÓN YOREME

Por Luis Espinoza Sauceda

Por pláticas, imagino que los camanteopos son lugares cavernosos o cuevas profundas insertadas en los acantilados, donde los pascolas se consagraban. Una especie de ombligo de la tierra. Pero no solo así como lugar desprovisto de espíritu, muerto, sino que se entiende habitado por una especie de creador para la aquiescencia al pascola con todos los retos que implicaba. También tiene la denominación de lugar del encantamiento, en una versión más castellana.

Indagar en la etimología de camanteopo es no tener suerte, no encontrar nada que aporte luz al esclarecimiento de esta palabra o al origen de la misma. Se pueden tener muchas vicisitudes, incluso pensar que no existe, o en el peor de los casos negarla, como les ha pasado a los indios de este país, una cultura negada a pesar de que sus expresiones sean tan persistentes y trascendentes en la identidad de los pueblos.

Mario Gill en el libro “La Conquista del Valle del Fuerte”, cita a Fray Andrés Pérez de Ribas, quien escribe “…Era Sinaloa una selva de fieras y una cueva de los demonios, donde habitaban millares de hechiceros. Era un monte espeso de breñas, un eriazo donde no nacía planta que diese fruto, sino espinas y abrojos. Era peor que un Egipto, cubierto de tinieblas palpables…”. Evidentemente el pasmo del jesuita a su paso es incontrolable; más que un choque por las condiciones agrestes del territorio, se percibe un desafío espiritual que circunda lo que escribe. Además, ¿por qué compararlo con Egipto y no algo más asequible? ¿Acaso se refería con esto a la magia de los yoremes y prácticas distintas a los rituales católicos por demás conocidos? ¿O simplemente era una simple alusión a los pueblos asentados a las orillas de los ríos?

Esa aseveración evidencia el choque de dos culturas o civilizaciones, donde la europea golpea en el corazón de la cosmovisión de los nativos, quienes no tenían dios ni señores que influyeran de manera decisiva en su comportamiento. Sus prácticas religiosas de orden totémica están ejemplificadas en la danza del venado o, en su caso, en la alegoría a los animales de la región en el baile de los pascolas.

El camanteopo ofrece un acercamiento a través de las vivencias que lo sitúan en el pensamiento colectivo como un ente concreto que ofrece una versión y, posiblemente, habrá más. Cuentan, en una ocasión un vaquero se perdió en el rumbo de Papariqui, en las proximidades del río Fuerte; los cerros le escondieron el sol cuando sin percatarse buscaba la vereda que lo llevó hasta ahí. Daba vueltas y vueltas entre breñas y piedras blancas, más blancas de lo común, como si poseyeran luz propia. Ensimismado reaccionó cuando el viento le trajo el cantar de invisibles millares de pájaros, los sentía arremolinarse sobre su silueta, hasta creía verlos de todos los tamaños y variopintos. El instante de la desesperación y el deseo mismo lo alentaba a quedarse en la lóbrega tarde a contemplar los pajarillos de un cantar exuberante y piadoso, una utopía que se sentía en el lugar. Un ambiente de misericordia y guerra se complacía con su presencia y un telúrico regurgitar de música de instrumentos variados seducían e invitaban al enigma; eso lo volvió un hombre cobarde. Desde luego, experimentó sentimiento de miedo inconfesable que no se resiste en los pies, y sin importar llegar con la camisa desagarrada y que le preguntaran por el sombrero, prefirió irse y contarlo.

Las naciones indígenas tenían sus centros ceremoniales, que eran como las conocemos ahora enramadas de varas, pero el lugar en que se realizaba el rito de iniciación era en los camanteopos, lo que factiblemente podría representar el inframundo, donde se supone que se encontraban con el otro o quien les daba la confirmación en la práctica terrenal. Ahora se cree que son cuevas donde habita el diablo, como una forma de infundir el miedo o el desprecio. Lo refieren como algo malo, pero en el fondo lo que se ataca es la cosmovisión india.

Se dice que no hubo pascola reconocido en el pueblo de Baca sin antes haber entrado al camanteopo. Vienen al caso Toribio Valenzuela y Juan Botas, últimas generaciones recordadas. Seguramente hubo muchos más. Sin embargo, se discurre en ellas porque ineludiblemente es el pasado de las fiestas religiosas, con el que se acercaron al ramadón para vivir momentos que desafortunadamente no sabemos si volverán. Pero todavía peor, es la gloria negada de esa posibilidad de expresión a tal magnitud.

Es paradójico narrar una práctica irrenunciable en el pasado de una nación para volver sus fiestas religiosas más floridas y provistas de magia, cuando en el presente se ha abandonado esa expresión, aunque a lo mejor se siga practicando lejos de las miradas ajenas. No todo muere o sucumbe al miedo ¿o sí?

#Dante2021 Purgatorio Canto XXI: Prodigalidad

Mientras leo y comento la Divina Comedia, escribo mi tesis de posgrado. Es como mi desfogue final después de concluir mi cuota diaria de escritura académica. Presentar los resultados de una investigación como la que realicé, la percibo como un trabajo constante de reescritura. Un trabajo sobre un palimpsesto. En eso del trabajo de reescritura, intuyo, la Comedia es un ejemplo notable.

Dicen que hay escritores que se dejan guiar por la intuición sin un plan definido y los hay otros que antes de lanzarse a la redacción trazan un plan de la obra que quieren componer. Dante pertenece al segundo tipo. De ahí se explica la utilización de números en relación al orden y proporción del poema en su totalidad. 33 son los cantos de cada una de sus partes, más uno que sirve como introducción. En total cien cantos, número considerado perfecto. Además el papel del número tres es vertiginosamente constante en la obra dantesca, lo mismo que el nueve (tres veces tres) que son los recintos que conforman Infierno, Purgatorio y Paraíso. Otro de los aspectos más visibles de esta arte numerológica es el número seis. En el canto seis de cada uno de las partes se trata un tema político. Ha esto hay que sumar muchas minucias más que nos llevaría mucho tiempo desmenuzar, pero no es casualidad que la proporción de los cantos y los versos esté tan bien delimitada. Hoy esa precisión nos parece un poco exagerada, pero pensemos en el aspecto práctico también. En esa época no se podían desgastar así porque sí las hojas que se tenían. El establecer claros límites ciñe al autor a tener un plan determinado, por más que las musas cambien el rumbo al andar el camino.

Si esto es así, encuentro que el cinco, número áureo, puede brindar algunas claves para comprender la estructura del poema. Hasta donde yo he leído sobre lo que se ha escrito de este poema, no se hace mención sobre este número, pero es tanto y tan variado de los escritos dantescos que no dudo que ya exista algún comentario o un extenso estudio al respecto. Aún así, me parece interesante hacer una reflexión al respecto.

El canto XXI del Purgatorio es, si tomamos en cuenta el poema en su conjunto, el número 55. ¿Cuál es la importancia del número cinco? Para quien gusta de las flores, se habrá dado cuenta que muchas tienen cinco pétalos. Lo mismo ocurre con otras plantas y animales. En la música las escalas pentatónicas son la base para comprensión de la mayoría de los géneros. ¿Y en la poesía? Según Robert Graves, se relaciona con el alfabeto de los árboles que componían los antiguos juglares. Estos árboles y su lenguaje estaban consagrados a la Diosa Blanca “que gobernaba el año y a la que estaba consagrado el número cinco”. En fin, la poesía para los antiguos bardos, y Dante es uno de sus máximos representantes, los números son formas en las que se manifiesta y vibra la divinidad y los misterios de la naturaleza y el hombre.

Pues bien, me parece que poner atención en ese número nos puede ayudar a comprender el punto de inflexión que significa este canto XXI. Dante lo muestra al explicar el por qué el temblor del monte y los cantos que escuchó y le hicieron sentir escalofríos:

Aquí arriba jamás llega tal sacudimiento, y tiembla solamente cuando alguna alma se siente tan purificada que se levanta y se mueve para ascender al cielo, lo que es acompañado con expresiones de júbilo. La prueba de la purificación se da en la voluntad que de pronto se descubre libre y dispuesta para cambiar de morada, y entonces, el alma se ve excitada en sí misma e inundada de deseo de transitar. Desde un principio lo desea, pero es su propensión lo que no lo consciente, pues así como pecó contra su voluntad, contra su voluntad sufre el tormento que la justicia divina le ha impuesto; así yo que llevo gimiendo quinientos años, no he sentido en mi voluntad la libertad para cambiar de estado.

Quien habla es la sombra del poeta latino Stacio, quien un poco más adelante se expresa más que entusiasmado al hablar del maestro. Dante sonríe y Virgilio no quiere que se delate su identidad. Stacio pregunta y al final del canto se quiere arrodillar ante él. El mantuano contesta como se debe contestar ante el idólatra: “No hagas tal cosa, hermano, tú eres sombra, y sombra es lo que tienes delante”.

A diferencia de la avaricia, Stacio es la personificación de la prodigalidad. Ese derroche también se manifiesta en los halagos que parecen incomodar un poco a Virgilio. Con las bellas escenas de este canto, Dante enfatiza esa transición que marca un antes y un después en el poema. El estilo y el ritmo son más ligeros conforme se asciende. A partir de ahora estamos más cerca del paraíso y más alejados de los tormentos del Infierno.

Ya me excedí de tiempo y espacio en este comentario. Dejo la reflexión sobre las siguientes preguntas para los días de lectura que restan ¿de qué manera se entrelazan la conciencia histórica individual y la conciencia histórica colectiva para llevar a cabo una emancipación, o si se quiere en términos dantescos, una purificación del cuerpo y el alma sociales?

#Dante2021 Purgatorio Canto XIX: Avaricia

Hay pecados capitales que me cuesta menos trabajo comprender. Hay otros que más. Ese es el caso del pecado de la Avaricia. Según el sucesor de Pedro que habla a Dante, los avariciosos están de espaldas al cielo, pues el amor no lo pusieron en los bienes verdaderos y ahora yacen inmóviles y con la vista fija en la tierra, justo castigo por no alzar la vista a lo eterno.

¿Qué significa poner la vista en lo eterno? ¿Está lo eterno separado de las cosas terrenales? Según el diccionario la avaricia es: El afán de poseer muchas riquezas con el sólo fin de atesorarlas sin compartirlas con nadie. Apenas reflexionó un poco sobre esta definición y lo que muestra el florentino en el canto XIX y me doy cuenta que tal vez no estoy tan alejado de este pecado. Ni yo, ni muchos de los que lean esta entrada. Veamos.

Hace días, al comentar los siete pecados capitales y su vínculo con las redes, me encontré con un meme que hacía el símil entre una red y un pecado. Hace rato al buscar a qué red corresponde la avaricia, me encontré un artículo que lo relaciona a Amazon. Según esto, la facilidad con la que se pueden comprar bienes que se necesitan y que no se necesitan está al alcance de un clic si se tienen los medios. Además los datos no mienten, mientras a causa de la pandemia millones de personas perdieron sus empleos y millones de pequeños y medianos negocios quebraron, Amazon y otras corporaciones aumentaron considerablemente sus ganancias. Muchas personas ya no pudieron ir a los centros comerciales pero siguieron consumiendo como habitualmente lo hacían. El cuento de que la humanidad será otra y aprenderá la lección por la peste, parece que se quedará sólo en buenos deseos. La verdad es que muchos ven en el consumo la única posibilidad de trascender. Y eso involucra a ricos y pobres, chicos y grandes.

Es así como algunos de los planteamientos centrales de Marx son hoy más vigentes que nunca. Ya en los primeros párrafos del Capital, el filósofo alemán señala que una mercancía satisface deseos del cuerpo o de la fantasía. Hoy, la mayoría de nuestras necesidades son producto de la fantasía o involucran un alto grado de ilusión. ¿Cómo contrarrestar estas ilusiones terrenales con las que el capital nos seduce? Si hay conceptos de Marx vigentes esos son el de alienación y el de fetichismo de la mercancía. Ahondar en nuestra enajenación es la primera posibilidad de emanciparnos de nuestra esclavitud colectiva. Se me ocurre un método crítico que cualquiera puede de vez en cuando practicar ¿Y si tratamos a las cosas como si fueran personas? Al fin y al cabo el fetichismo es aquella inversión según la cual las cosas se relacionan como si fueran personas, mientras que las personas nos relacionamos como si fuéramos cosas. Si personificamos cada mercancía tenemos la posibilidad de cuestionar esa relación que tenemos con el sistema de objetos que nos rodea.

Necesitamos poner las cosas en su lugar. Para ello se necesita lo que algunos teóricos marxistas en el siglo XX llamaron conciencia de clase. ¿Cómo se adquiere esta conciencia? La cuestión parece no ser sencilla. No basta con ser explotado para adquirirla. Otra vez: se necesita contemplación. Según la famosa tesis de Marx que los amantes de la acción cada tanto citan, los filósofos se han contentado con interpretar el mundo, ahora de lo que se trata es de transformarlo. Y sí, se necesitan acciones transformadoras de la realidad en la que nos encontramos. Pero jamás se hizo nada diferente y emancipador a la marea de la historia que no pase por la interrupción, el corto circuito que significa contemplar. Esto suena a una especie de marxismo zen, y tal vez lo sea. No soy el primero en intuir esta rara conjunción. A su modo Walter Benjamin, basado en el judaísmo, planteó sacar de su aura fetichista a la mercancía al sacarla de la circulación y mirarla de otro modo, alegóricamente. Y es que en cada cosa finita y perecedera hay una nostalgia y una promesa de infinito. En lo terrenal está la conexión con lo eterno más allá de las ilusiones de trascendencia que nos ofrece la ideología hegemónica.

Cierro esta entrada preguntándome si yo también soy víctima de la avaricia y atesoro riquezas por el simple afán de atesorarlas sin compartirlas con otros. Y me contesto que durante años he estado atesorando libros y más libros. Aunque son pocos, muchos están esperando a ser leídos. Aún así es difícil sino imposible que los preste y en realidad me enojo si alguien los agarra sin mi autorización, ósea, son intocables. Son mis fetiches y son riquezas terrenales, pero ¿hay mejor manera de mirar al cielo?

#Dante2021 Purgatorio Canto XVII: La ira, la rabia y el amor al prójimo

Conforme se avanza en la Commedia, las cuestiones filosóficas que plantea el poema se complican. Confieso que, sobre todo en el Purgatorio, me cuesta comprender la profundidad de los planteamientos que en algunos cantos van apareciendo. Tal es el caso del canto XVII, donde se da la transición entre el círculo de la ira y el de la pereza.

En lo que respecta a la ira, hoy estuve leyendo La Sociedad del Cansancio de Byung-Chul-Han. Un ensayo breve y que se lee con rapidez. En el capítulo titulado La pedagogía del mirar, el coreano suelta esta aguda reflexión:

En el marco de la aceleración e hiperactividad generales, olvidamos, asimismo, lo que es
la rabia. Esta tiene una temporalidad particular que no es compatible con la aceleración e hiperactividad generales, las cuales no toleran ninguna extensión dilatada del tiempo. El futuro se acorta convirtiéndose en un presente prolongado. Le falta cualquier negatividad que permita la existencia de una mirada hacia lo
otro. La rabia, en cambio, cuestiona el presente en cuanto tal. Requiere un detenerse en el presente que implica una interrupción. Por esa condición se diferencia del enfado. La dispersión general que caracteriza la sociedad actual no permite que se desplieguen el énfasis y tampoco la energía de la rabia. La rabia es una facultad capaz de interrumpir un estado y posibilitar que comience uno nuevo.

¿De qué manera se vincula la rabia con la ira? Según el diccionario, la ira es: 1. Pasión del alma que causa indignación y enojo 2. Apetito y deseo de venganza. Mientras que rabia es definido como ira, enfado o enojo grande, aparte de la enfermedad algunos animales y de la roya que pueden contraer los garbanzos. Los apetitos de venganza se castigan en el Infierno: La ira a la que se refiere Dante en el Purgatorio, se refiere más a la pasión del alma que causa indignación.

¡Oh Reina! ¿Por qué permitiste que te matara la ira? Por no perder a Lavinia, fuiste tú la que murió.

Ahora bien, la rabia a la que se refiere Byung-Chul Han, es parecida a este tipo de ira que retrata Dante en los cantos XVI y XVII. La digna rabia de la que ha teorizado el movimiento zapatista pero que se encuentra en cientos e incluso miles de comunidades campesinas e indígenas. No es raro que este tipo de rabia sea incomprensible en el mundo urbano. Esa rabia sólo puede surgir cuando se tiene tiempo para la contemplación.

Respecto al controvertido, apasionante, trillado y siempre nuevo tema del amor, la lectura de este canto también da para pensarle un rato. a mi me plantea una cuestión que nunca antes había pensado. Explica Virgilio a Dante que el amor es la causa de la virtud y al mismo tiempo de toda acción digna de castigo. Pero (y aquí viene lo que no comprendo) ese amor no puede oponerse al bienestar de aquel en quien e genera. Por lo tanto, concluye Virgilio: “solamente se puede hacer mal al otro, al prójimo, lo que es una forma de amor al mal que en nuestra naturaleza se manifiesta de tres modos”.

Esos modos son:

  1. El bien propio que se espera a partir de la ruina del prójimo
  2. El sentimiento de perder el poder o los honores si el prójimo prospera
  3. El que se siente injuriado por el otro y no desea más que la venganza

Esos tres modos de amor, sigue explicando Virgilio, se expían abajo, en el Infierno. Hay otro tipo de amor

Que es el de aquellos que corren tras el objeto amado de forma desordenada. Todos los hombres tienen por instinto el ansia de un bien en el que cifran la quietud de su ánimo, y por ello todo el mundo se desvive por conseguirlo. Si al conocerlo o gozarlo, la intención y la acción es algo mesurado, después de un justo arrepentimiento será este el círculo del martirio purificador

Es decir, el círculo de la pereza. Como buen procrastinador que he sido, comprendo cuando Dante se refiere a ese amor que se persigue de forma desordenada. En mi defensa, quiero decir que no es un problema meramente personal. Paradójicamente, La sociedad del cansancio en la que vivimos, nos exige, como plantea Byung-Chul Han, el multitasking, hacer muchas cosas a la vez, la hiperactividad con el máximo de rendimiento posible. Esa hiperactividad, muchas veces acaba en un agobiante paroxismo cuando encaminamos nuestros esfuerzos en aquello “que cifra la quietud del ánimo”. Si por ahí alguno de mis compañeros que están intentando escribir su tesis de posgrado al igual que yo lee esto, sabrá a qué me refiero. Ira y pereza se enlazan. Se necesita más que el sutil enfado en el que permanente nos encontramos. Se necesita más aprender de los campesinos y su digna rabia. Se necesita poner un freno al tren de la historia. En la vida personal a este acto se le llama contemplación.

#Dante2021 Purgatorio Canto XVI: Ira y virtud

Hemos llegado a la mitad del camino. Este es el canto cincuenta de cien. Este es uno de los pecados que menos me cuesta comprender. Con el tiempo, me he ido curando. Y es que uno acaba enamorándose de sus demonios. No me desagrada la ira en dosis moderadas o bien disimuladas y sublimadas. En este miserable mundo, a veces es necesaria. El arte consiste en saber domar a ese terrible demonio. O más bien, encontrar la manera de que te domine menos. No siempre es fácil. Si has conocido a alguien iracundo, sabrás que la persona padece una terrible posesión que se adueña de todo su cuerpo. Por eso Dante al inició del canto presenta esta imagen:

Ni la profunda oscuridad del infierno, o de la noche privada de estrellas y con un cielo tan negro como el que se produce cuando se agolpan las nubes colocó ante mis ojos un velo tan denso, ni que produjera una sensación tan desagradable, como aquel humo en el que nos vimos envueltos.

Tal vez por que sé que nunca me voy a poder curar del todo de este pecado capital, cito uno de los proverbios de William Blake: los tigres de la ira son más razonables que los caballos de la instrucción. Si vamos a caer víctimas de la ira, al menos que sea como a Marco Lombardo le sucede en este canto: iracundos pero entendidos en los negocios y amantes de la virtud: “lo que allá es cada vez más raro”

#Dante2021 #Dantedí Purgatorio Canto VI: Sólo un ateo puede ser un buen cristiano.

El título de esta entrada es prestado del libro de Ernst Bloch, el autor del también célebre Principio de Esperanza. El 25 de marzo es el Dantedí, el día que Dante descendió al Infierno y se encontró en la selva oscura. Para conmemorarlo el papa Francisco publicó el día de hoy una interesante carta titulada Candor Lucis Aeternae. Aquí rescato una parte de lo que dice sobre la libertad:

Dante se convierte en paladín de la dignidad de todo ser humano y de la libertad como condición fundamental tanto de las opciones de vida como de la misma fe. El destino eterno del hombre —sugiere Dante narrándonos las historias de tantos personajes, ilustres o poco conocidos— depende de sus elecciones, de su libertad. Incluso los gestos cotidianos y aparentemente insignificantes tienen un alcance que va más allá del tiempo, se proyectan en la dimensión eterna. El mayor don que Dios ha dado al hombre para que pueda alcanzar su destino final es precisamente la libertad, como afirma Beatriz: «El mayor don que Dios, en su liberalidad, / nos hizo al crearnos, el que está con la bondad / más conforme y el que más estima, / fue el del libre albedrío» (Par. V, 19-22). No son afirmaciones retóricas y vagas, porque surgen de la existencia de quien conoce el precio de la libertad: «Va buscando la libertad, que es tan amada / como sabe el que desprecia la vida por ella» (Purg. I, 71-72).

https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_letters/documents/papa-francesco-lettera-ap_20210325_centenario-dante.html?fbclid=IwAR1Z3GCj4CRjnmUKY-dz2zu8R56SLzaYeLVzHSdY8sQ8EJnvkGo1uTib6dY

Al final de su carta, el pontífice hace un llamado a sacar a Dante y a la Divina Comedia de las aulas y las universidades. También felicita a los docentes que logran trasmitir con pasión el mensaje del florentino. Desconozco si he logrado trasmitir esa pasión, pero me consta que lo he intentado a lo largo de estos días, por lo que también hago mía esta felicitación.

Hace un rato, le comentaba a una amiga sobre esta interesante carta y su respuesta me dejó frío:

-No me interesa saber lo que opina el papa, soy atea.

Al parecer hoy está de moda ser ateo. En entradas anteriores, también dije que me consideraba ateo, pero eso no nos exime de interesarnos del fenómeno religioso, sobre todo porque hoy las grandes corporaciones tienen una práctica muy cercana a la religión o al espíritu de secta, como lo entendía Max Weber. Para ehcar un vistazo al tema recomiendo el siguiente artículo de Bernardo Barranco, sobre la secta Nxvm y el integrismo empresarial:

https://www.proceso.com.mx/opinion/2020/11/11/nxivm-el-riesgo-del-integrismo-empresarial-252567.html

Mi abuela materna es a la que conscientemente debo mi catolicismo. Ya desde niño tenía mis dudas sobre la existencia de Dios tal y como nos lo pintan las religiones, sin embargo sigo siendo católico. Un ateo católico para ser exacto. Para echar un vistazo a esta postura recomiendo el siguiente video del rock star de la filosofía, Slavoj Zizek:

#Dante 2021 Purgatorio Canto III: Rogar por los muertos

En este tercer canto estamos en el antepurgatorio y las almas, al igual que Dante y Virgilio, buscan el camino que habrán de seguir para subir el monte. Son variados los pasajes que al lector pueden llamar la atención. A mí me interesó el final del canto donde Manfredo le pide a Dante que visite a su hija para que haga oraciones por él:

Así que ahora podrás considerar cuanto bien hacerme al relatar a mi buena Constanza la pena que sufro, porque aquí se gana mucho con las oraciones de los de allá

En días pasados, en la página del feis, hacía la observación de que el Mictlán, el inframundo de los mexicas, tiene similitudes y diferencias con el inframundo dantesco. esas similitudes y diferencias son muchas y cada una requiere que nos detengamos a considerarla. Por ejemplo, la diferencia más evidente, es que aquí Dante, es un mortal que aún vive, como cualquier hijo de vecina, el que desciende a los infiernos, mientras que en las mitologías grecolatinas y prehispánicas, son héroes como Quetzalcóatl o Ulises los que pueden hacerlo. La Comedia es acaso el primer relato de autoficción de la literatura occidental, donde aparece el yo de la persona común y corriente, de carne y hueso. De ahí al Quijote como antihéroe sólo hay un paso. Y eso es un enorme aporte de Dante a la literatura. Y ese aporte es por su cosmovisión cristiano católica, pues es el cristianismo quien descubre que el individuo porta una singularidad y alma interior propia, única e irrepetible, diferente al alma del mundo o anima mundi. Parece ser que tanto griegos como aztecas y mayas no conocieron esta noción del alma singular, única e irrepetible, o al menos no tenía el peso que en occidente aún tiene. Y eso tiene enormes consecuencias para la concepción que tenemos de nosotros mismos, del mundo y las cosas. Desde Descartes a la fecha el alma individual se nos convirtió en un monstruo narcisista mientras el mundo es visto, en palabras decartianas, como res extensa, simple espacio vacío, muerto y sin alma.

Y aquí entonces hay que aclarar algo. Dante instaura el yo de carne y hueso en la literatura, pero no niega como después se hizo, el encantamiento del mundo. Sólo así podremos comprender que esas oraciones que pide Manfredo tengan efectos en el más allá. Hay veces que nos escapamos de ese yo pienso titánico, como cuando el dos de noviembre rogamos por nuestros difuntos. En ese día intuimos que hay algo del más allá que vive y convive con nosotros. Pero ¿y si los muertos ni siquiera se han ido y viven con nosotros en el mundo? En eso la cosmovisión de los pueblos originarios y la Comedia se parecen: el acto sincrónico único como antimoderna visión del tiempo histórico, incluye a nuestros muertos.

#Dante2021 #Dante700 Canto XXXIII: Los que no pueden llorar

Una amiga el otro día me decía que si juntáramos las lágrimas que las personas hemos derramado a lo largo del confinamiento por la pandemia, podríamos formar ríos caudalosos. Si su hipótesis es cierta, algo bueno se anuncia para los tiempos venideros. Llorar es bueno y es necesario. Lo contrario, el no poder llorar, el ahogarse por los nudos en la garganta, les pasa a los que habitan en el último círculo del infierno, los que están en lo más profundo del abismo, junto a satanás. Así lo relata Dante:

De ahí pasamos al recinto donde el hielo oprime con fuertes ligaduras a los penitentes, pero ellos no se encuentran con la frente baja, sino con la boca arriba, con lo que su mismo llanto los ahoga, por lo que no pueden llorar, y entonces el dolor, que no encuentra el consuelo del llanto, se mete a sus adentros para aumentar su angustia…

Y a ti, lector o lectora ¿te ha pasado alguna vez que, aunque quieras, no puedes llorar? ¿tiene razón Dante al suponer que el sufrimiento es mayor cuando no se puede llorar? ¿Lloras sol@ o acompañad@?

#Dante2021 #Dante700 Canto XXVIII: Sembradores de la discordia

Llegamos, de la mano de Dante y Virgilio, al noveno foso del Malebolge. En esta parte se encuentran los sembradores de la discordia. Me parece que el último pasaje cierra intensamente las intensas imágenes del canto XXVIII:

Aquel ser traía su cabeza como antorcha para guiarse a sí mismo, y eran dos en uno, o uno en dos, sólo el que todo lo dispone podría saberlo. Cuando el horrendo descabezado estuvo bajo el puente, delante de nosotros, levantó el brazo en el que portaba la cabeza, por lo que sus palabras fueron claras para nosotros:

-Tú que respiras el aire de los vivos, mira mi gran pena; tú que vienes a ver a los que murieron: dime si hay otro dolor más grande que este. Y si quieres saber más de mí, yo soy Beltrán del Born, el que dio malvados consejos al joven rey. Fui yo quien enemisto al padre con el hijo. Ni Aquitofel aconsejó con tanta perfidia a Absalón contra David; y pues tuve mal separar a personas tan cercanas una de otra, ahora llevo yo mi cerebro separado del cuerpo, de esta manera se cumple en mí la pena que produje en otros.

Hoy, en el periódico la Jornada, encontré un artículo de Fabrizio Mejía al que hay que prestarle mayor atención de la que aquí le dedico. El artículo en cuestión se titula: Petrarca va a la mañanera. Así dice el autor después de citar a Bocaccio (al que si no estoy equivocado, le debemos el adjetivo de Divina, a lo que Dante nombró simplemente como Comedia), Petrarca y otros:

La estrategia de la reforma política que inició Petrarca y terminó con Maquiavelo usó dos virtudes: el carisma moral y la sabiduría práctica. Esas son también las armas de las mañaneras.

https://www.jornada.com.mx/2021/03/13/opinion/014a1pol

Si Petrarca va a la mañanera, Dante, una de dos, o no va, o si va, lo dejan afuera. Bien decía Walter Benjamin que habría que estar atentos a los argumentos de autoridad. Hay que saber elegir a los gigantes con los que miraremos más lejos; a los clásicos. La diferencia entre estos autores, entre otras, es que Dante, poeta del exilió y la migración, funda la lengua italiana al escuchar y recoger lo mejor de la lengua vulgar, aquella que hablaron las mujerzuelas y los hombres de la calle. Petrarca, por el contrario, fue consejero de príncipes.

Creo que el presidente está muy lejos de practicar esa “política de la virtud” que buscaron los hombres del renacimiento. Entre otras cosas porque contribuye (tonta e innecesariamente) tiro por viaje a la discordia en tiempos de profunda crisis. Eso es lo que menos necesitamos en estos momentos. Necesitamos pensar y reflexionar sobre nuestros problemas comunes. Necesitamos diálogo y debate civilizado en medio de la barbarie. Necesitamos silencio. Necesitamos llevar a cabo acciones concretas en lugares concretos. Necesitamos practicar la política de la virtud desde abajo. Desde los muchos abajos. A estas alturas, al parecer tendremos que aprender a barrer las escaleras de abajo hacia arriba.

Así se lo pidió Elena Poniatowska:

“Señor presidente, ya párele con las mañaneras. ¿Acaso no se da cuenta que hay un hartazgo nacional?”